|
Apreciado Colega Medico General Colombiano:
Reciba un saludo especial de parte de nuestra organización www.medicosgeneralescolombianos.com
Continuamos con el envío
de nuestra Cartelera Electrónica. Recuerden que la totalidad de los
mensajes que hemos enviado se encuentran publicados en nuestro sitio Web en
donde los podrán consultar en el momento que lo deseen. Haciendo
clic aquí.
La cartelera de hoy
contiene dos documentos muy importantes que creo todos debemos leer
detenidamente.
El primero es la Carta
de un Abogado a los Médicos que espero los ponga a pensar muy en serio
acerca de nuestro ejercicio profesional como Médicos Generales.
El segundo es el discurso
del Rector de Los Andes, pronunciado en la pasada ceremonia de grado del 19
de Septiembre de 2009.
En este se refiere de
manera clara al significado de la Política cuando dice:
“Político significa, en este caso, el deber
que tenemos, como ciudadanos libres, de seguir la marcha de los asuntos
públicos que tienen impacto sobre toda la sociedad. El ejercicio de este
deber, hace parte de nuestra responsabilidad, mucho más si tenemos en cuenta
el privilegio de haber recibido educación de
alta calidad.”
La razón de enviarles este discurso es para que, como bien lo
anota el propio rector al final de su discurso cuando dice:
“¡Aprendan más, aprendan todos los días; lean
siempre, pregunten mucho, aprendan a escuchar; duden con inteligencia y
construyan una fuerte convicción; aprendan a comprometerse, hagan parte del
país, parte activa de un país que pide a gritos mentes pensantes pero también
ciudadanos comprometidos, y juéguense a fondo, con el alma, por esas
convicciones que han logrado construir!”
Para ver todo el discurso que es bastante corto Haga clic aquí.
Cordial Saludo,
Juan Pablo Poveda Medina
MEDICO GENERAL
Gerencia
www.medicosgeneralescolombianos.com
CARTA DE
UN ABOGADO A LOS MEDICOS
Diario El
Cronista, por el Dr. Marcos R. Llambias
Suicida altruista
Ha tomado estado público la
pesadilla que causa desvelos, cuando no infartos, a muchos miembros de la
comunidad médica. Los juicios por mala praxis se han convertido en un
provechoso recurso de subsistencia para muchos abogados ávidos de litigio,
conocedores de las falencias del sistema.
Los títeres del arte de curar, marionetas de obras sociales,
hospitales y sistemas prepagos de atención médica trabajan donde y
como pueden. Su responsabilidad social hace funcionar las instituciones y su irresponsabilidad
personal los lleva a exponerse inútilmente.
El día en que ellos, verdaderos médicos por vocación, dejen de pensar tanto
en el paciente, en su capacitación profesional a cualquier costo, en las instituciones
para las que trabajan, y tomen conciencia de lo mucho que arriesgan en cada
acto médico, ese día la atención del país se paralizará. Porque sólo un
demente alguien que ha perdido la facultad de discernir entre la
bondad y la estupidez, puede aceptar la responsabilidad de barajar una vida
humana cuando un sistema perverso y carente en todo sentido no le brinda la
seguridad y tranquilidad necesarias para trabajar como corresponde. Porque el
médico que asume la responsabilidad en un acto quirúrgico, que se somete al
estrés de desplegar su arte sobre un paciente ANESTESIADO, que asume la lucha
contra la enfermedad ajena, que desafía a la muerte sabiendo que no siempre
triunfará y que acepta hacerlo por la vergonzosa remuneración que el
sistema le asigna, ese médico no es bueno, es estúpido,
es alguien que consume toda su inteligencia en el cadalso de su ofrenda
personal hacia un prójimo que no le reconoce el esfuerzo.. Agotada su paciencia,
ya no puede ver que un error, aunque involuntario, le puede costar su
patrimonio, su bienestar, su salud. Este suicida altruista figura
en todas las cartillas de los sistemas prepagos de atención médica. Trabaja
en los hospitales nacionales, provinciales o municipales, superado por un
aluvión de pacientes que envejece haciendo colas y recibe atención
francamente deficitaria. Deambula por clínicas y sanatorios juntando monedas
para poder subsistir.
Este
médico, suicida por vocación, inteligente para el prójimo y descerebrado
para sí mismo, bueno y estúpido a la vez, responsable ante la sociedad e irresponsable
ante su familia, es la carne del cañón, el centro del blanco de la
industria de la "mala praxis". Todo abogado sabe que en este
sistema perverso, tan carente de recursos, tan manoseado
por inescrupulosos enriquecidos a costa de la salud, el médico es el
"hilo fino" más fácil de cortar, el candidato ideal para exprimir, el
ingenuo más liviano de sacudir para rescatar las monedas que llevan en los
bolsillos.
Lo que pocos se han puesto a pensar, es que, en definitiva este ensañamiento
médico, que no discrimina entre idóneos e incapaces, entre buenos y malos,
decentes y envilecidos comerciantes, es fundamentalmente perjudicial
para el paciente. La comunidad toda empieza a sufrir las consecuencias cuando
el médico capacitado, con experiencia, con reconocido prestigio entre sus
colegas, empieza a "esquivar" la patología difícil, esa
donde arriesga mucho y gana poco.
El médico que cuida sus espaldas, discrimina por necesidad. La comunidad toda
sufre esta realidad, al verse privada de la idoneidad y la experiencia de sus
mejores médicos. Porque los mejores, también los más inteligentes,
rápidamente ven la necesidad de dar un paso al costado par no exponerse. Si
bien es cierto que algunos médicos no están acostumbrados a responsabilizarse
por sus acciones, también es cierto que la inmensa mayoría, no tendría que
trabajar en las actuales circunstancias. Arriesgan mucho sin ganar
nada. Porque si un cirujano tiene que afrontar un juicio por mala
praxis, la demanda supera en miles de veces la remuneración de su trabajo.
Una intervención $ 120.000 puede convertirse en un juicio de $120 Millones.
Así las cosas, los sistemas prepagos de atención médica, circular mediante,
solicitan a sus médicos fotocopia de la póliza de seguro suscrita. Ellos, al
mejor estilo de Poncio Pilato, pretenden que el médico, con centavos que le
asignan por su trabajo, contrate un seguro de "mala praxis". De
esta manera, los líderes de la medicina prepaga se cubren de los errores del
servicio que dicen brindar. Logran su cometido sin sacrificar un solo centavo
de sus arcas. Con los aranceles vigentes, ningún médico puede asegurarse
contra "mala praxis". Con temor a la "mala praxis", ninguno
puede trabajar como debería.
El auge de este tipo de juicios no es culpa de los abogados. Ellos, que son
muchos y deben subsistir, han visto las falencias del sistema que colocan al médico
en la primera línea de fuego. Como frágil fusible de una máquina
sanitaria en constante corto circuito, el médico salta y se quema. Gane o
pierda, con o sin justicia, con razón o sin ella, el médico debe pagar. La
sociedad parece ensañada con los encargados de velar por la salud.
Todos y cada uno debemos ser responsables de nuestros actos. Los errores
deben ser asumidos y la impunidad desterrada. Estos grandes objetivos no
pueden tener vigencia unilateral. La vida del paciente vale tanto como la del
médico. Por el bien de todos, la legislación debe proteger tanto a una como a
otra.
|